Capítulo sesenta y cinco. Una conversación con la abuela
Donna
Me desperezo en la cama de Jake.
¡Esperen! ¿Qué hago aquí? De repente todos los recuerdos caen en un mismo saco. Lloro escandalosamente con la cara metida en la almohada para no despertar a nadie aunque por la ausencia de Jake creo que ya serán mas de las cinco de la mañana. Los acontecimientos del día anterior me hacen reflexionar en que no todas las personas son buenas. Ya eso lo sabía. Y es la razón principal por la que no confío plenamente en él.
Aunque se me quiera estallar el corazó