Capítulo noventa y ocho. Grietas en el cristal
Donna
Bajamos las escaleras a paso apresurado, con las manos entrelazadas y una sonrisa tonta que ninguno de los dos se molesta en ocultar. Llevo la camisa de vestir de Jake doblada en las mangas y unos pantalones ajustados; él, con un vaquero descaderado que le queda como un guante y una expresión tan descarada como cuando alguien ha ganado la lotería.
Al llegar al comedor principal, la escena familiar parece sacada de una revista de catálogo. Mark está al frente de la mesa leyendo el periódic