Capítulo noventa y seis. Una noche mágica
Donna
Nuestras risas se escuchan en los pasillos de la mansión, parecemos un par de niñitos haciendo escandalo en la casa grande. Si alguien me hubiese dicho que Jake sería tan divertido, galante y pícaro, me habría reído a carcajadas en su cara ya que yo solo conocía al amargado y sin modales. Pero ha resultado ser tan tierno y romántico como un hombre normal. “Un hombre enamorado”, tal como él mismo lo dijo al tomarme de la mano y sacarme de la habitación de Derrik.
Bajamos a la infame cocina