Mundo ficciónIniciar sesiónDos CEO’s que se odian. Una sola empresa… Y una muy mala idea. Mark Connely, un multimillonario que necesita una esposa para su hijo porque quiere retirarse del negocio. La estrategia es que su hijo y la gerente de recursos humanos logren levantar una de las empresas de mantenimiento corporativo de Industrias Connely&Ray. El consorcio empresarial de la familia, pero en doce meses. Jake Connely es el brillante pero indomable heredero cuya reputación amenaza con hundir el valor de las acciones y Mark quiere ver a su hijo en modo ejecutivo por lo menos diez horas al día en lugar de estar “jugando con chicas” en el club de Golf. Donna McKenzie es una mujer inteligente, hermosa y empoderada que trabaja en gerencia con recursos humanos en el Consorcio. Ella, es quien admite al personal que laborará dentro y fuera del país. Para ella, este matrimonio no es un ascenso, es una encerrona donde deberá proteger su secreto más preciado de los ojos del hombre que más odia. ¿Cuál es el problema? Mark necesita un sucesor y el consejo no admitirá a Jake porque es un mujeriego que no se adapta a las normas de la empresa. ¿La solución? Que aprendan a trabajar juntos, que se soporten y se casen para que la empresa continúe siendo de la familia. Pero… ¿Qué sucederá cuando dos personas se han tratado siempre como perros y gatos se encuentren encerrados en una jaula? ¿Qué hará la cercanía entre ellos, aumentar su odio o definir sus intereses? ✦ ─── 💎 ─── ✦
Leer másJake
—No, padre.
Mi respuesta fue automática. Jamás trabajaría con Donna McKenzie, nadie hará que le sonría, aunque mis padres la amen.
—Podrías aprender mucho de ella Jake, además es una orden que te estoy dando. Nunca pregunté si querías hacerlo.
—Esto es una falta de respeto, yo hice la solicitud de esa empresa y dijiste que la deshuesarías. Ahora quieres… —aprieto los puños sopesando la situación ya que si conozco a mi padre este negocio tiene trasfondo.
—Esa mujer es una erudita en gerencia —lo miro con seriedad —. Deberías amarla como nosotros lo hacemos, Jake, hijo. Si te acercaras un poco a ella de seguro aprenderías mucho —me levanto de la silla donde me encuentro sentado delante del escritorio.
En una ocasión fuimos amigos, eso fue al entrar a Harvard, fuimos a una fiesta, tomé unos tragos. Bueno en realidad fueron muchos. Y al otro día al despertar ella estaba ahí desnuda a mi lado, pero no lo recuerdo. Entonces, ella de pronto surgió y me miró con desprecio. No tengo claro que sucedió, pero desde el día me odia y soy su peor enemigo. Mi padre nunca ha permitido que le diga sus verdades, aunque ella diga que soy un bueno para nada y lo único que hago es dormir a diario con una mujer diferente.
Y créanme o no, ella puede ser la mejor, pero no la quiero en mi vida.
—Excelente. Adóptala y quédate con ella, yo me retiro —ajusto el botón delantero de mi chaqueta y me dirijo hacia la puerta de la oficina.
—Si cruzas esa puerta ya no recibirás un centavo y cambiaré mi testamento para que Donna quede a cargo en tu lugar —me giro poco a poco con el asombro de que mi padre la prefiera —. Esa división de mantenimiento técnico está al borde del colapso operativo. O la levantas con Donna, o la liquido y te quedas en la calle. Ese será tu patrimonio… escoge.
Una punzada de dolor me atraviesa, pero me deshago de ella enseguida.
—No lo harías —se me sale una risa nerviosa.
—Pruébame y dime si estoy riéndome como si fuera un chiste —bueno, se encuentra bastante serio en realidad.
Maldita sea, papá.
✦ ─── 💎 ─── ✦
Donna
Leo el comunicado que envió Mark. Sabe que nunca le niego nada, pero esto me parece un abuso de confianza. Él sabe perfectamente que Jake y yo nos odiamos a muerte; ponernos a rescatar juntos una empresa de mantenimiento en crisis es una receta para el desastre.
Mi teléfono suena. El nombre en la pantalla hace que mi corazón dé un vuelco. Tomo una respiración profunda para recuperar mi máscara profesional.
—Sr. Connely, qué gusto tenerlo al teléfono —trato de nivelar la voz para que no se note mi ansiedad—. ¿En qué puedo ayudarle?
—Dejémonos de rodeos, Donna. Ya sabes para qué estoy llamando. Dime, ¿qué has pensado acerca de la propuesta de la división técnica? —Directo y sin anestesia, como siempre.
—Señor, con todo respeto, la situación operativa de esa empresa es crítica. Necesita una intervención profunda, no un juego de niños. Jake no tiene la disciplina para el rigor que exige el mantenimiento de campo. Trabajar con él solo ralentizará los procesos.
—Precisamente por eso te necesito a ti, Donna. Eres la mejor estratega que tengo. Pero hay una condición más que no estaba en el fax —hace una pausa que me eriza la piel—. Para que el consejo ceda el control total, deben presentarse como una unidad sólida. Deben casarse.
El aire se escapa de mis pulmones. Siento un pitido en los oídos.
—¿Casarme? ¿Con Jake? —Suelto una risa nerviosa, casi histérica—. Eso es imposible. No voy a atar mi vida a un hombre que me desprecia y al que no soporto ver ni en las reuniones del pasillo. Me niego, Mark. Busque a otra.
—Piénsalo bien, Donna —su voz baja de tono, volviéndose peligrosamente suave—. Sé que tu familia en el extranjero depende totalmente de los giros que envías. Y sé que los gastos de la educación y salud de tu hijo no son precisamente bajos. Si rechazas esto, tendré que prescindir de tus servicios en el Consorcio... y me temo que las referencias que daré no te ayudarán a conseguir otro empleo de este nivel.
Me quedo sin habla. Mi mano tiembla sobre el escritorio. Jamás le he negado la existencia de mi hijo, pero nunca habíamos hablado o por lo menos, contendido al respecto.
—¿Me está amenazando con dejar a mi hijo desprotegido? Jamás pensé que fuese capaz —Susurro, sintiendo una mezcla de odio y miedo al mismo tiempo.
—No estoy amenazándote, Donna querida, nunca haría eso porque te estimo. Te estoy dando una oportunidad de asegurar su futuro para siempre. Doce meses, Donna. Salva la empresa, ensena a mi hijo como trabajar en equipo, que se enamore de la empresa y de lo que hace. No confío en nadie más ni mejor. Hazlo y tendrás todo lo que necesites. Te espero en mi oficina en diez minutos para la firma. No llegues tarde.
Cuelga. Me quedo mirando el teléfono, sintiendo que las paredes de la oficina se cierran sobre mí. Tengo que casarme con el hombre que me cambió la vida en una noche... el hombre que ni siquiera sabe que tiene un hijo.
DonnaEl estruendo en el salón principal es ensordecedor. Las luces de los flashes se encienden y apagan en ráfagas enceguecedoras, dibujando las sombras de decenas de periodistas que se abalanzan sobre Thiago y Sasha como la ola de un tsunami llevándose todo por delante.—¡Señor Rossi! ¿Es verdad que pagó para fabricar las fotos de la señora McKenzie?—¡Sasha! ¡Mire a la cámara! ¿Desde cuándo usaba los fondos de la firma para financiar sus gastos exóticos y desde cuando tiene un romance clandestino con Thiago?—¡¿Qué tienen que decir sobre la confesión bajo juramento de Shonda Williams?!Thiago intenta retroceder, pero la multitud de reporteros, camarógrafos y ejecutivos estupefactos le corta el paso por completo. Su impecable traje a la medida ya no le sirve para infundir respeto; la palidez de su rostro es casi y su frente perlada delatan el terror que siente frente a su derrumbe emocional. A su lado, Sasha tropieza con su propio vestido, al borde de un ataque de pánico, chillando
DonnaEl salón principal de la galería resplandece bajo una iluminación arquitectónica impecable. Decenas de arreglos florales de orquídeas blancas, copas de cristal chocando en brindis constantes y el murmullo de la élite empresarial y mediática de la ciudad llenan el aire de una expectativa casi palpable. La pre-inauguración oficial de la galería de Jake Connely no solo es el evento del año; es el escenario que Jake y yo elegimos para ejecutar nuestra propia obra de arte.O, mas bien la de él porque yo soy su inspiración según dice…Camino entre los invitados luciendo un vestido ajustado de corte sirena que abraza mis curvas, sintiendo el peso suave del anillo de compromiso en mi dedo anular. Jake me acompaña, impecable en su esmoquin oscuro, con esa postura imponente de hombre que sabe exactamente lo que está a punto de ocurrir. Su mano reposa en mi cintura, firme y protectora.A unos cuantos metros, junto a la barra principal, divisamos a Thiago y Sasha.Él sostiene un vaso de whi
DonnaLa mansión Connely parece sacada de un cuento de la realeza. Los candelabros de cristal iluminan la gran sala de estar y los salones principales, donde docenas de ejecutivos, empresarios, figuras de la alta sociedad y periodistas conversan entre copas de champán y música de cámara.Llevo un vestido ajustado de seda color esmeralda que resalta mi piel y contrasta con mi cabello rojizo. Pero lo que realmente atrae las miradas de media fiesta es el destello imponente del diamante corte marquesa en mi mano izquierda. Jake, vestido con un esmoquin negro impecable que le queda de infarto, no se ha separado de mi lado ni medio metro en toda la noche. Su mano en la parte baja de mi espalda es una constante declaración de propiedad y amor que me eriza la piel.—Estás deslumbrante, mi Ninfa —susurra en mi oído, aprovechando que el embajador de la firma se ha alejado un segundo.—Y tú estás ridículamente guapo, amor —le respondo con una sonrisa coqueta, rozando su mejilla—. Aunque te noto
DonnaBajamos las escaleras a paso apresurado, con las manos entrelazadas y una sonrisa tonta que ninguno de los dos se molesta en ocultar. Llevo la camisa de vestir de Jake doblada en las mangas y unos pantalones ajustados; él, con un vaquero descaderado que le queda como un guante y una expresión tan descarada como cuando alguien ha ganado la lotería.Al llegar al comedor principal, la escena familiar parece sacada de una revista de catálogo. Mark está al frente de la mesa leyendo el periódico con sus gafas de pasta; Bárbara le sirve café con esa elegancia innata que la caracteriza; Derrik come felizmente un tazón de cereales mientras Vera y Jonatan conversan en voz baja al otro lado.—Miren quiénes decidieron volver a la civilización —dice Vera levantando la mirada con una ceja arqueada—. Para no gustarte el tercer piso lo disimulaste muy bien, hermanito. Comenzábamos a pensar que se habían quedado a vivir allá arriba.—Estábamos resolviendo asuntos de suma importancia, hermanita —
Último capítulo