Me encontraba frente a Natalia, el amor de mi vida. Su rostro, aunque tranquilo, me desgarraba el alma al verla postrada en esa cama de hospital. Los monitores emitían un constante y frío pitido, una confirmación cruel de que, aunque su corazón seguía latiendo, ella no estaba realmente aquí conmigo.
Hace meses que Natalia estaba en coma. Desde el accidente, no había pronunciado una sola palabra ni abierto los ojos. Cada día, cada hora, cada minuto se había convertido en una agonía interminabl