Me encontraba amarrada, con la cabeza dando vueltas. No entendía qué estaba pasando ni a dónde se habían llevado a mi bebé. La angustia y el miedo se mezclaban en mi mente, nublando mis pensamientos. En ese momento, Leonel se acercó a mí y llevó sus manos a mis mejillas, deteniendo mis lágrimas con un gesto sorprendentemente tierno.
—Eres hermosa, Nat —dijo con una voz suave, casi acariciándome con sus palabras.
—¿Dónde está Thomas? —pregunté, la desesperación clara en mi voz.
—Thomas est