Sentí que el dolor me invadió por completo cuando me dijeron que Natalia había entrado en un estado de coma y que no sabían si algún día despertaría. Las palabras del médico resonaban en mi mente como un eco interminable, un recordatorio constante de la tragedia que se había abatido sobre nosotros.
Han pasado más de cinco meses desde ese maldito momento. Durante este tiempo, he visitado a Natalia día y noche, sin descanso. También he estado al lado del bebé, cuidándolo con todo mi ser, aunque