Heridas del pasado.
Había regresado finalmente a la casa de mi madre, Margarita. Paula quiso venir conmigo, pero yo me negué porque ella estaba muy bien en la mansión. Emir le estaba pagando sus estudios y yo sabía que era feliz.
Thomas estaba dormido mientras yo ordenaba mi ropa en el pequeño cuarto que solía ser mío. La casa de mi madre era modesta pero acogedora, y me sentía aliviada de estar en un lugar seguro. Estaba absorta en mis pensamientos cuando escuché un golpe en la puerta. Me acerqué y, al abrirla,