La noticia de su supuesto matrimonio ya era imposible de ocultar. En menos de veinticuatro horas, los portales de entretenimiento, las revistas financieras y hasta los programas de espectáculos repetían el mismo titular: “Alexander Crawford, el soltero de oro, finalmente enamorado”.
Lucía no sabía cómo enfrentarlo. Había pasado de ser una desconocida a estar bajo el escrutinio de todo el país. Cada gesto, cada mirada, cada palabra suya era analizada, juzgada y, sobre todo, cuestionada.
Esa maña