La mansión parecía un campo de guerra silencioso. Desde el ataque, cada pasillo estaba vigilado, cada entrada sellada con guardias adicionales. Elena caminaba por el corredor acompañada de Camila, pero ni así podía librarse de la sensación de ser observada.
—Señora, ¿está bien? —preguntó la muchacha con voz baja.
—Sí… —mintió Elena, aunque la verdad era que el miedo le había calado hasta los huesos.
En ese instante, un guardia pasó frente a ellas. Elena notó que evitaba mirarla directamente. Es