Buenas noches amor
El dolor llegó como una ola violenta, sin aviso, sin piedad.
Sofía arqueó la espalda sobre la camilla mientras sus dedos se aferraban a las sábanas blancas. El monitor marcaba contracciones cada vez más seguidas, más intensas. El aire se volvía pesado en sus pulmonos, y cada respiración parecía costarle el doble.
—Respirá conmigo, amor —la voz de Leandro temblaba, pero intentaba mantenerse firme—. Estoy acá.
Ella giró apenas el rostro para mirarlo. Sus ojos estaban llenos de