Nuestra despedida
Dejé el diario a un lado con las manos temblando y salí corriendo por el pasillo del ala privada de la mansión. Sentía el corazón golpeándome el pecho con una fuerza brutal, como si quisiera escapar antes que yo. La cinta VHS pesaba demasiado en mis manos, o quizá era todo lo que acababa de leer lo que me hundía los hombros. Mis pasos resonaban huecos, desordenados, y apenas noté cuándo Agnese y Lorenzo me siguieron hasta la sala de proyección.
Encendí el viejo reproductor co