El fin
Sostenerla en mis brazos debería haber sido el momento más feliz de mi vida.
Y lo fue… o al menos eso intenté convencerme.
Mi hija dormía tranquila, envuelta en una manta blanca, con el rostro sereno, ajena al ruido del mundo y al peso que yo llevaba en el pecho. Tenía las manos pequeñas, frágiles, y una respiración suave que subía y bajaba como una promesa silenciosa de vida. La miré durante largos segundos, intentando grabar cada detalle en mi memoria, como si temiera que incluso esto