Nueva yo
Chen no perdió la oportunidad de saborear su victoria.
Antes de volver hacia mí, se detuvo frente a Leandro con una sonrisa ladeada, arrogante, de esas que no necesitan palabras para humillar. Se acomodó el saco con parsimonia, como si el mundo entero le perteneciera, e inclinó apenas la cabeza, fingiendo un gesto de cortesía que solo lograba ser más cruel. Su voz sonó baja, controlada, venenosa.
—Cuida la mansión, Ricci. Prometo devolverte a Sofía… convertida en algo mucho mejor.
No e