mi querido amor
Chen entró a mi habitación sin tocar. Ya no lo hacía. Para él, ese espacio también me pertenecía… o al menos eso creía. Cerró la puerta con un movimiento lento, calculado, casi ceremonial, como si disfrutara del silencio que dejaba a su paso. Ese silencio siempre era más pesado cuando él estaba presente, como si el aire se volviera más denso, más difícil de respirar. Yo estaba sentada frente al tocador, observando mi reflejo sin realmente verme, cuando su voz rompió el aire.
—Ne