Frio
—Señor… por favor… ayúdeme…
El hombre cayó rendido a los pies de Chen. Su cuerpo impactó contra el suelo con un golpe seco, y la sangre comenzó a manchar el mármol claro de la mansión. El rostro de Chen se desfiguró por completo; su expresión era la de alguien a quien le habían escupido en la cara. No había gritos, no había palabras, pero era evidente que alguien más moriría esa noche.
Sus ojos viajaron lentamente hasta los míos. En ellos había sospecha, furia y una traición que él ya daba