El precio de la corona
Desperté con un dolor punzante en la sien y un sabor metálico en la boca.
El aire era pesado, denso, como si costara trabajo respirarlo. Parpadeé varias veces, intentando enfocar la vista, pero todo giraba lentamente, como si mi cabeza aún no hubiese decidido regresar del todo a mi cuerpo. No recordaba nada. Absolutamente nada del trayecto, del traslado, de cuánto tiempo había pasado desde que el humo me envolvió en la mansión Ricci.
Solo oscuridad.
Intenté moverme… y fue