Hubo silencio al otro lado del teléfono.
Por un momento, la voz suave y pegajosa de la mujercita llegó a sus oídos.
—Yo también te amo.
El corazón de Lucía latía con fuerza. Sus mejillas era rojas como febriles y rápidamente colgó la llamada después de hablar.
Apretó su celular por un momento y se rio suavemente.
Llvaban tantos años casados, y parecía que los dos nunca habían dicho oficialmente "Te amo."
Lucía se estiró, sintiéndose bien como si estuviera en las nubes. La figura de ese hombre de