Las sentencias llenaban el aire del tribunal, mientras los acusados permanecían inmóviles.
—Alberto Jones: 45 años sin libertad condicional por secuestro agravado, extorsión y conspiración.
El juez lo miró por encima de las gafas como si fuera una cucaracha.
—Usted convirtió un recién nacido en mercancía. La sociedad no lo quiere volver a ver —le dijo con desprecio. Un desprecio que muchos de los presentes en la sala compartían.
El hombre que había planeado un futuro brillante para sí mismo luego del secuestro y del dinero que conseguiría, no podía concebir la idea de pasar prácticamente toda su vida encerrado en prisión.
—¡Exijo una apelación! —grito, haciendo que varios guardias lo rodearan enseguida.
—Para los delincuentes como usted, no existe tal cosa —dijo el juez, centrando su mirada en el siguiente condenado. El peor de todos a su parecer.
»—Mauricio Visconti:
Cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional —la sentencia sorprendió al público, haciendo que algun