Dentro del quirófano las cosas no parecían ir bien.
—Presión en 40/20… está colapsando.
—Otro litro de sangre, ¡rápido!
—Adrenalina, ¡ya!
El cirujano, con la cara empapada bajo la mascarilla, abrió el tórax con el bisturí eléctrico.
El corazón de Rubí estaba quieto, pequeño y pálido, parecía haber perdido la batalla y simplemente dejado de latir.
—Masaje cardíaco directo…
Las manos de un residente apretaron el músculo, una, dos, tres veces… pero nada. El pitido seguía estando plano