Se encontraba sentada en el sofá de la sala principal del departamento, cuando de repente, un dolor agudo le cruzó el abdomen.
—¡Ay! —gimió doblándose ligeramente hacia adelante, respirando con fuerza.
—¿Qué pasa, mi niña? —preguntó su Nana desde la cocina sin poder verla.
Apretó con fuerza los dientes sin responder. Sentía que no podía hablar. El dolor parecía ser demasiado fuerte como para soportarlo.
Inmediatamente, sintió cómo se contraía todo dentro de ella y luego soltaba, pero el dolor