La mujer desapareció en el interior del edificio, dejando a Eros y Alberto frente a frente, como dos bestias enjauladas midiendo fuerzas entre sí.
—¿Qué demonios haces cerca de mi mujer? —escupió el primero, avanzando un paso con los ojos encendidos. La sola idea de que Rubí pudiera estar cerca del hombre que una vez le dejó el rostro marcado le daba asco.
¿Es que acaso esa mujer tenía memoria selectiva?
Lo llamaba a él un monstruo, ¿pero Alberto qué era acaso?
Para complementar su malestar, Al