—Ese día… —la mirada del hombre se perdió en un punto fijo de la pared. Era como si su mente estuviera regresando al pasado, a ese momento exacto en el que tramó arruinar su vida—. La última persona a la que estaba dirigido ese secuestro eras tú, Rubí.
—Pues dadas las circunstancias, ya puedes ver que fui la principal afectada —se burló. No solamente había quedado sorda temporalmente, también infértil.
—Sí, y eso es algo de lo que estaré arrepentido por el resto de mi vida —su voz reflejaba si