A una semana de su encierro, la puerta de la habitación se abrió, revelando la figura de una mujer.
La visitante tenía un cabello rubio, ligeramente ondulado, que caía sobre sus hombros. Llevaba puesto un abrigo de gabardina que ocultaba en gran medida las curvas que cubrían su pálida piel. Sus ojos eran grandes y el maquillaje realzaba su mirada.
—¿Entonces tú eres la famosa esposa encerrada? —se burló con una sonrisita ladeada.
Se sintió molesta de solo escucharla.
¿Esposa encerrada?
¿Cuántas