—¿Qué dijiste? —gruñó entre dientes, renuente a creer que sus pequeños labios habían soltado una cosa tan vulgar.
—Que lo miré, lo toqué y lo acaricié y… que puedo asegurar que me hubiera hecho alucinar —mentira. Jamás había llegado a ese nivel de intimidad con Alberto, pero eso no importaba justo ahora cuando su único objetivo era hacerlo molestar.
—¿Entonces estás diciendo que hubieras preferido seguir casada con el tipo que te maltrató? —su voz ahora era baja y lenta, pero en el fondo se con