Eros salió de la habitación dando un fuerte portazo. Sus pasos resonaron en el pulido piso y su expresión estaba bastante alejada de la calma. Necesitaba controlarse. Necesitaba…
De pronto su mirada se topó con la puerta del despacho de su padre, ese que no había sido abierto hacía años. Los recuerdos de aquel día lo envolvieron de una manera espeluznante.
Se tocó la cabeza con las dos manos, sintiendo un dolor punzante.
“¡Quita ese niño de mi vista!”
“¡Aleja de mí a ese demonio!”
“¡No me toq