—Lo siento… —sollozó, ocultando su cara entre sus manos. Justo en ese instante sentía tanta vergüenza de sí misma.
Su esposo se quedó observándola en silencio, mientras su cuerpo temblaba debido a los espasmos producidos por el llanto que acababa de desatarse.
—¿Qué es lo que tanto te gusta de él? —preguntó. No hubo gritos ni reclamos. Eros parecía sorprendentemente contenido y tenía sentido. Después de todo, ellos no se amaban, simplemente habían acordado hacer que el matrimonio funcionara por