La expresión de Eros era ilegible. Sus ojos no transmitían nada, eran como pozos vacíos. Entrecerró la mirada detallándolos a ambos, observó cómo estaban unidos, cómo parecían estar en una posición demasiado íntima, demasiado cercana.
Ella reaccionó rápido. Alejó a Alberto de un empujón. Sin embargo, eso no borraba el beso que había correspondido.
—¡No te vuelves a acercar a mí! —le advirtió a su expareja, quien mantenía una sonrisa triunfante en la cara, mientras miraba fijamente a su marido.