Rubí sentía que todo era tan confuso con él. A veces hacía cosas como esta, mirándola con esos ojos suaves y llenos de afecto y, en otras ocasiones, era frío y distante.
—¿Por qué lo haces? —no pudo evitar preguntar. Ya sabía que su matrimonio no era real. Se habían casado por negocios y para evitar un escándalo que acarreara consecuencias mayores.
—¿Hacer qué? —frunció el ceño, confundido.
Él seguía sujetándole el rostro, así que señaló su mano.
Eros pareció darse cuenta de la posición. D