El campus estaba envuelto en un silencio distinto, más denso que antes, como si las sombras de la tarde se hubieran asentado sobre cada sendero, cada escalera y cada ventana iluminada. No era un silencio absoluto, sino uno cargado de resonancia, capaz de amplificar el más mínimo gesto y de multiplicar el eco de cualquier palabra. Caminábamos entre los grupos que ahora se movían con una lentitud estratégica, cada estudiante evaluando, ajustando y respondiendo no solo a lo que veían, sino a lo qu