Hubo un día —no sabría decir exactamente cuándo empezó, porque como casi todo en este proceso no tuvo un momento de inicio claramente identificable— en que me di cuenta de que algo había desaparecido casi por completo del campus.
La necesidad de convencer.
Durante los primeros años, incluso cuando intentábamos construir una forma distinta de conversar, la estructura interna de muchas discusiones seguía respondiendo a un impulso muy arraigado: demostrar, persuadir, ganar terreno en la interpreta