La segunda semana con los visitantes en el campus trajo una sensación distinta a la de los primeros días. La curiosidad inicial había dejado paso a algo más profundo, casi silencioso. Ya no se trataba simplemente de observar cómo funcionaba la comunidad; los investigadores empezaban a integrarse en la dinámica cotidiana con una naturalidad creciente, participando en discusiones informales, caminando entre edificios con estudiantes que ya no parecían verlos como figuras externas sino como interl