El día comenzó con una quietud engañosa. No había alarmas ni notificaciones de emergencia; solo un zumbido constante en los sistemas, como el latido tenue de un organismo que respiraba por sí mismo. La fisura continuaba su expansión, tocando territorios que el grupo solo podía imaginar, proyectando decisiones hacia nodos que reaccionaban con autonomía, y donde la política y la estrategia se entrelazaban en un tejido cada vez más complejo. Cada acción de los actores externos tenía repercusiones