El cambio no se sintió como una ruptura abrupta ni como un conflicto abierto; se percibió como una distancia milimétrica, un desplazamiento casi imperceptible que alteraba la tensión sin que nadie pudiera señalar un punto exacto de quiebre. Al día siguiente de la reunión, el canal compartido permaneció en silencio hasta pasado el mediodía, y no se trataba de un silencio hostil, sino de un ajuste silencioso: cada uno recalibraba su posición, evaluaba su influencia y reconsideraba sus límites sin