No hubo anuncio. No hubo manifiesto. Nadie declaró oficialmente que algo había cambiado. Sin embargo, comenzó a notarse en los márgenes, en esos espacios donde las transformaciones reales siempre empiezan: lejos de los titulares, lejos de los discursos formales, lejos de cualquier declaración grandilocuente.
Primero apareció en los lugares más pequeños. En conversaciones dispersas entre estudiantes. En intercambios dentro de foros internos donde, poco a poco, dejó de percibirse la ansiedad por