No fue una despedida.
Nadie organizó un reconocimiento. Nadie habló de legado. Nadie mencionó la palabra transición.
Simplemente dejaron de ser el punto de referencia automático.
El cambio no ocurrió en un momento solemne ni en una escena cargada de significado. Fue más bien una erosión suave de la centralidad. Las reuniones ya no buscaban su validación implícita. Las discusiones no giraban hacia ellos cuando surgía tensión. Las decisiones se tomaban sin necesidad de que Dante interviniera para