La expansión generó algo que el sistema no podía tolerar: incertidumbre estructural.
No porque hubiera caos. No lo había. De hecho, todo seguía funcionando. Los plazos se cumplían. Las reuniones se realizaban. Las decisiones se tomaban. Pero el exceso había disminuido. El dramatismo se había reducido. El lenguaje empezaba a volverse más limpio, más breve, menos manipulable.
Y eso alteraba el equilibrio.
Durante años, la estabilidad había descansado sobre una sobreproducción constante: más palab