El problema del poder cuando llega tarde es que ya no puede fingir inteligencia. No hay maniobra elegante ni discurso calculado que lo disimule; solo queda la fuerza, cruda, directa, sin intermediarios. Y la fuerza, cuando aparece desnuda, revela todo lo que el lenguaje, los códigos y los protocolos habían intentado ocultar durante semanas: la fragilidad de la autoridad, la urgencia de contener, la obsesión por mantener el control visible aunque la realidad se le escape de las manos. Lo noté an