El sobre llegó sin ceremonias, dejado sobre la mesa con la precisión de un reloj suizo. Sin remitente reconocible, sin sello que insinuara amenaza, solo un membrete minimalista y un texto conciso: invitación formal a participar en un consejo internacional. “No es obligatorio”, decía la primera línea. Y esa frase, simple, contenía más peligro que cualquier amenaza abierta: la libertad de elegir siempre ha sido un arma de doble filo, especialmente cuando alguien más quiere asegurarse de que tu de