No hubo alarma. No hubo movimiento que lo anunciara. Solo me levanté y decidí que me quedaría. No era una elección heroica, ni dramática, ni el final de una batalla épica. Era un acto silencioso, casi invisible, pero tan radical que me obligó a confrontar cada fibra de mí misma.
Durante años, había corrido. Hacia la verdad, hacia la protección, hacia la supervivencia. Hacia lo que creía que debía ser. Siempre había habido un rol asignado, una misión, un protocolo que dictaba mis pasos. Cada dec