Salí temprano, cuando la luz todavía estaba filtrándose entre edificios que parecían más antiguos de lo que mi memoria alcanzaba a registrar. La ciudad se movía con un ritmo indiferente. Las calles no sabían que el mundo había temblado. Que archivos habían caído, que proyectos habían explotado, que Ethan ya no existía más que como idea difusa y aterradora. Nadie lo sabía. Nadie lo recordaba. Y, por eso, había un orden sutil que me resultaba casi insultante: la vida continuaba como si todo hubie