No hubo un momento exacto en el que decidimos empezar de nuevo. No existió una conversación fundacional ni una promesa solemne. Lo que hubo fue algo mucho más frágil y, por eso mismo, más real: una continuidad silenciosa. La certeza compartida de que, después de todo lo que habíamos perdido —archivos, certezas, versiones anteriores de nosotros mismos—, seguíamos ahí. Frente a frente. Sin instrucciones.
Dante estaba sentado al otro lado de la habitación, apoyado contra la pared, con los brazos r