Volví a la mansión Salvatore sin avisar.
La lluvia golpeaba el mármol de la entrada como si también quisiera entrar. El aire olía a tierra mojada y a secretos antiguos. Las luces estaban encendidas. La puerta, entreabierta. Como si él supiera que iba a volver. Y lo sabía.
Dante me esperaba en la sala principal. De pie, con un vaso de whisky entre los dedos y la mirada fija en el fuego. El mismo fuego donde, sin saberlo, él y yo nos habíamos estado quemando durante meses.
Entré sin quitarme el a