ZOE
El laboratorio móvil estaba silencioso, pero no en paz. Cada sonido era medido, calculado: el zumbido de los sistemas de contención, el murmullo de los ventiladores, incluso el leve latido de mi propio implante, resonando dentro de mi cabeza como un recordatorio de que nada de esto era natural.
Ethan apareció en la sala con la calma de quien sabe que tiene el control absoluto. No se acercó demasiado; no hizo falta. Su presencia llenaba el espacio, ocupando cada centímetro de mi atención, c