Esa noche, dormimos en la casa vacía. Sin cámaras. Sin contacto con el mundo exterior. Por primera vez en semanas, sentí algo cercano a la paz. O quizá era solo la calma que precede a la tormenta.
La casa guardaba silencio. Un silencio denso, casi antiguo. Como si las paredes supieran secretos que nosotros aún no podíamos descifrar. Afuera, la nieve caía lenta, blanda, cubriendo todo con una capa de blancura irónica. Como si el mundo intentara disfrazar la muerte con belleza.
Yo estaba sentada