Dante forcejeaba con un panel de madera junto a la chimenea. Logró abrirlo. Una caja fuerte emergió del muro. Estaba entreabierta. Vacía.
Su expresión se endureció. Cerró los ojos con rabia contenida.
—Se lo llevaron todo —murmuró. Su voz era una mezcla de impotencia y resignación.
—¿Todo? —pregunté, con un nudo apretándome la garganta.
—Los discos duros. El equipo biométrico. El archivo físico. No dejaron nada.
—¿Y ella? —pregunté con un hilo de voz. No me importaban los datos. No me importaba