**CAMILA**
Un año después.
El taxi avanza por calles que aún guardan el brillo de la primavera. El aire huele a pan recién horneado, a café tostado y a comienzos que parecen posibles. Por la ventanilla, veo cómo los pétalos rosados de los cerezos caen sobre las aceras, como si alguien los hubiera dejado caer a propósito, solo para recordarme que incluso lo que muere puede volver a florecer.
París… El nombre se desliza dentro de mí con una dulzura que duele. Esta ciudad fue testigo de mis risas,