88. Declaración
Stefanos
Ella es mía. Y nadie toca lo que es mío.
La pregunta apenas salió de sus labios, y mi lobo gruñó fuerte dentro de mí, como si hubiera recibido un golpe directo en el corazón.
¿Me vas a entregar?
Aquello no fue una duda.
Fue una acusación.
Una maldita faca clavada en el pecho… girando despacio.
Cerré los ojos por un segundo, inhalando el aire como si eso fuera suficiente para contener el daño.
Pero ya era tarde.
"¿Qué acabas de decir?", mi voz salió baja. Fría. Letal como una cuchilla i