87. Revelaciones
Nuria
Me desperté con el tipo de silencio que no era paz.
Era ausencia.
La habitación estaba demasiado quieta. Demasiado densa. Como si el aire contuviera la respiración conmigo.
No había pasos en el pasillo. Ni voces susurradas. Solo el sonido amortiguado de mi corazón… y su olor.
Ese maldito olor.
Estaba por todas partes. En la almohada. En la sábana. En medio de las cobijas que yo misma arreglé la noche anterior, tomada por un instinto que ni yo misma comprendí del todo.
Todo intacto. Exacta