440. El dolor de la despedida
Kiara
La casa de Juliana parecía diferente esa mañana.
Incluso bajo la suave luz del sol y con la brisa cálida moviendo las cortinas, había una atmósfera de despedida en el aire. Las maletas ya estaban en la puerta, todas alineadas y organizadas, como un recordatorio cruel de que era real. Que la partida estaba a punto de suceder.
Jason entrelazó nuestros dedos y apretó mi mano con firmeza, pero sin fuerza. Un toque silencioso de apoyo.
"¿Estás lista?", preguntó con voz baja, casi respetuosa an